
Un estudio alerta que el uso de herbicidas en el campo agrava la propagación de bacterias difíciles de tratar
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La investigación advierte que el uso de glifosato facilita la aparición y propagación de bacterias resistentes a múltiples medicamentos. Expertos consideran clave controles más estrictos y nuevas advertencias en el uso del herbicida
Una investigación publicada recientemente en la revista científica Frontiers, muestra que el uso intensivo de herbicidas modifica los mecanismos de defensa de bacterias presentes tanto en el medio hospitalario como en ambientes agrícolas. El efecto permite la transferencia constante de bacterias peligrosas, lo que complejiza la gestión sanitaria y podría derivar en tratamientos menos eficaces.
En octubre de 2025, la Organización Mundial de la Salud emitió una alerta sobre el aumento de bacterias resistentes en hospitales. De acuerdo con los resultados informados en la revista científica, el uso agrícola de glifosato favorece la selección de bacterias capaces de sobrevivir tanto a este herbicida como a diversos antibióticos, estableciendo un canal de intercambio microbiológico entre distintos entornos.
Influencia del glifosato y rutas de transmisiónEntre 2018 y 2020 investigadores del Conicet y de la Universidad de Buenos Aires examinaron bacterias extraídas de suelos del delta del Paraná y de hospitales argentinos. Detectaron que muchas de ellas soportan dosis altas de glifosato y resisten hasta 16 tipos de antibióticos, incluyendo medicamentos reservados para infecciones graves.
El informe explica que la clave de esta transmisión reside en el ciclo del agua: las aguas residuales sin tratamiento, que arrastran microorganismos desde hospitales, llegan a campos agrícolas donde se aplican herbicidas. Esto hace que los suelos reciban bacterias resistentes provenientes del ámbito hospitalario mientras, simultáneamente, envían bacterias adaptadas al glifosato de vuelta a los hospitales, promoviendo un intercambio constante.
El trabajo señala que géneros como Acinetobacter, Pseudomonas y Enterobacter aparecen en ambos ambientes, adaptándose a las condiciones generadas por el uso de químicos y antibióticos. En particular, el informe resalta que bacterias del género Enterobacter toleran hasta 80 mg de glifosato por mililitro, mientras que Bacillus, muy frecuente en suelos, resulta vulnerable ante dosis notablemente menores.
El equipo científico subraya que el uso masivo del glifosato en la agricultura tiene implicancias más allá de la producción de alimentos, ya que la selección involuntaria de bacterias resistentes eleva el peligro de infecciones difíciles de tratar en hospitales y en animales en contacto con estos entornos.
Consecuencias para la salud pública y preocupaciones internacionalesLa resistencia antimicrobiana provoca 1,1 a 1,4 millones de muertes anuales en el mundo, según las estimaciones más recientes, y la cifra continúa en ascenso a medida que las bacterias resistentes consolidan su presencia en hospitales y múltiples entornos. “Los resultados sugieren que los herbicidas, a diferencia de los antibióticos, se aplican masivamente y pueden seleccionar bacterias resistentes en el suelo”, advirtió la doctora Daniela Centrón.
Estas bacterias presentan resistencia simultánea a varios medicamentos y al glifosato, una combinación que dificulta los tratamientos médicos. El estudio indica que el 74 % de las bacterias hospitalarias analizadas soporta los carbapenémicos, medicamentos de última línea en infecciones severas.
Además, los científicos detectaron que las bacterias más resistentes comparten vínculos de parentesco independientemente del ambiente donde se hallen. La revista científica apunta que esto implica que un solo tipo de bacteria puede prosperar tanto en zonas rurales como hospitalarias, fortalecido por la exposición a herbicidas y antibióticos.
Propuestas de regulación y advertenciasEl glifosato no solo favorece la resistencia bacteriana, sino que enfrenta restricciones en varios países europeos por efectos adicionales, como el daño a las abejas o su presunta relación con el cáncer. Francia, Bélgica y los Países Bajos vetaron su uso doméstico; Alemania aplicó la restricción de su empleo en espacios públicos.
“Las políticas sobre pesticidas deben exigir pruebas sobre la interacción con antibióticos antes de aprobar sus ventas. Las etiquetas deberían advertir sobre el riesgo de propagación de genes resistentes desde suelos tratados hacia hospitales mediante aguas no tratadas”, recomendó Centrón.
Los expertos que participaron en el estudio publicado en Frontiers subrayan que la solución exige revisar el uso de herbicidas y mejorar el tratamiento de aguas residuales. Prevenir la expansión de bacterias resistentes dependerá del control efectivo en los puntos de contacto entre el ámbito hospitalario y el entorno agrícola.
Lo que está en juego para la sociedadEl informe destaca que la amenaza trasciende países o regiones. La circulación de bacterias resistentes no reconoce fronteras y puede afectar a cualquier comunidad. Las consecuencias son tratamientos menos eficaces, internaciones hospitalarias más prolongadas y una mayor mortalidad.
Esta investigación difundida marca la urgencia de limitar el uso indiscriminado del herbicida y de fortalecer las políticas de prevención en el cruce entre agricultura y salud pública.