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Elisabeth Scholes: La generación que cruzó el océano para reinventarse

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Elisabeth Scholes: La generación que cruzó el océano para reinventarse

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Hay personas que emigran buscando un mejor salario. Otras, escapando de una crisis. Algunas simplemente persiguen un sueño. Pero hay historias que reúnen todas esas razones al mismo tiempo. La de Elisabeth Scholes es una de ellas.
Su vida comienza muy lejos de las grandes ciudades, en Picada Libertad, en el municipio de 25 de Mayo, cuando Misiones todavía era una provincia profundamente rural. Creció en una chacra sin electricidad, sin caminos asfaltados y con una infancia marcada por el trabajo, el esfuerzo y la sencillez.
Aquella realidad, lejos de convertirse en un obstáculo, terminó forjando el carácter que la acompañaría durante toda su vida.
Asistía a la Escuela , hoy Escuela N.º 351, donde un mismo docente enseñaba a varios grados al mismo tiempo. Eran años en los que estudiar implicaba caminar largas distancias y aprender a valorar cada oportunidad.

Con apenas 16 años dejó su hogar para continuar sus estudios. Primero cursó en la Escuela de Comercio N.º 11 de 25 de Mayo y luego terminó la secundaria en la Escuela Normal de Leandro N. Alem. Era el primer gran paso de una vida que estaría marcada por los cambios y los desafíos.
Descubrir un mundo completamente distinto
Su primer gran salto llegó cuando consiguió trabajo en el entonces flamante Hotel Internacional Cataratas del Iguazú, hoy Sheraton Iguazú.
Para una joven criada en el interior profundo de Misiones, ingresar a un hotel que recibía visitantes de todas partes del mundo era casi entrar en otra realidad.
Allí aprendió a atender turistas extranjeros, a desenvolverse en un ambiente internacional y hasta a utilizar herramientas tan simples para muchos como un teléfono, algo que nunca había formado parte de su vida cotidiana.

Cada jornada era una escuela.
Cada huésped abría una ventana hacia un mundo desconocido.
Más tarde trabajó en La Cumbrecita, en Córdoba. Pero comprendió rápidamente que quería seguir creciendo. No esperó que las oportunidades llegaran solas. Escribió una carta al gerente del Sheraton Buenos Aires ofreciendo su experiencia.
La respuesta cambió su destino.

Buenos Aires, los idiomas y una Argentina convulsionada
En el Sheraton Buenos Aires comenzó otra etapa.
Aprendió inglés, perfeccionó el alemán y el portugués y pasó a atender huéspedes de todo el mundo.
Vivió de cerca una de las épocas más intensas de la historia argentina.
Recordó haber visto actuar a Frank Sinatra durante su visita al hotel, mientras el país atravesaba años de enorme tensión política y social.
La muerte de Juan Domingo Perón, la violencia política, la inestabilidad económica y posteriormente la Guerra de Malvinas fueron parte del contexto que marcó su juventud.


Incluso recuerda haber sufrido los efectos de los gases lacrimógenos durante manifestaciones en Buenos Aires.
La incertidumbre comenzaba a formar parte de la vida cotidiana.
Y como ocurrió con miles de argentinos, empezó a preguntarse si el futuro estaba en otro lugar.

Hacer las valijas
La oportunidad apareció de manera inesperada.
Un grupo de amigos le propuso sumarse a un emprendimiento gastronómico fuera del país.
Antes de instalarse definitivamente realizaron un recorrido por Europa. Pasaron por España durante el Mundial de Fútbol de 1982 y luego viajaron a Italia para adquirir equipamiento destinado al restaurante que abrirían más adelante.

El destino inicial fue Costa Rica.
Allí descubrió una sociedad muy distinta a la que había conocido en Buenos Aires.
Después de la intensidad de una gran ciudad, sintió que volvía a un lugar mucho más tranquilo, aunque nunca dejó de adaptarse.
Porque si algo había aprendido desde chica era justamente eso: adaptarse.

España, una nueva vida
Con el tiempo su camino la llevó definitivamente a España.
Allí formó una familia, se casó con un español y nacieron sus dos hijos.
Construyó una vida durante más de cuatro décadas en Andalucía, aprendiendo nuevas costumbres sin perder jamás las raíces misioneras.
Como tantos emigrantes, comprobó que vivir en otro país significa mucho más que conseguir trabajo.
Es aprender otra cultura.
Aceptar diferencias.

Extrañar la tierra donde uno nació.
Y descubrir que el hogar termina siendo una mezcla de dos mundos.
Durante la entrevista habló también de uno de los dolores más profundos que puede atravesar una madre: la pérdida de una hija de apenas veinte años.
“No se supera nunca”, confesó.
Con el tiempo se aprende a convivir con ese dolor, pero nunca desaparece.
Son esas experiencias las que transforman definitivamente una vida.

El regreso
Después de 43 años viviendo fuera del país decidió volver parcialmente a Misiones.
No fue por cuestiones económicas.
Regresó para acompañar a su hermano enfermo.
Hoy alterna entre España y Argentina, llevando una vida entre dos continentes, dos culturas y dos hogares.
Una historia que también habla del presente
La conversación con Elisabeth encontró un interesante contrapunto con la experiencia de Natanael Frank, un joven kinesiólogo de 25 de Mayo que emigró recientemente a España para especializarse en osteopatía.
Aunque separados por más de cuarenta años, ambos descubrieron desafíos muy parecidos.
El desarraigo.
La adaptación.

La necesidad de comenzar desde cero.
Y la certeza de que emigrar exige mucho más que comprar un pasaje.
Natanael destacó la importancia de viajar con toda la documentación en regla, planificar cada paso y comprender que Europa también enfrenta dificultades, como el fuerte aumento del costo de la vivienda y la creciente competencia laboral.
Dos generaciones, una misma pregunta
Las historias de Elisabeth Scholes y Natanael Frank pertenecen a épocas completamente diferentes.
Ella dejó la Argentina atravesada por la violencia política y la inestabilidad de los años setenta y comienzos de los ochenta.
Él emigró después de la pandemia, buscando formación profesional y nuevas oportunidades en un mundo globalizado.
Sin embargo, ambos coinciden en algo esencial.


Emigrar cambia la vida.
Permite crecer, aprender y descubrir otras culturas.
Pero también obliga a convivir con la nostalgia y con la permanente pregunta sobre dónde está realmente el hogar.
Quizás por eso sus testimonios resultan tan actuales.
Porque la historia argentina sigue mostrando generaciones que, una y otra vez, miran hacia otros países buscando aquello que sienten que aquí les cuesta encontrar.
Y mientras existan jóvenes haciendo las valijas con la esperanza de un futuro mejor, historias como la de Elisabeth Scholes seguirán recordándonos que detrás de cada pasaje de avión hay mucho más que un viaje.
Hay sueños.
Hay renuncias.
Hay familias.
Y, sobre todo, hay vidas enteras que vuelven a empezar.

Fuente: https://diariosol.com.ar/elisabeth-scholes-la-generacion-que-cruzo-el-oceano-para-reinventarse/