
Son las cinco de la mañana.
Mientras la mayoría todavía está durmiendo, Iago se levanta, toma un café, se prepara y sale rumbo a la escuela técnica de Campo Grande.
Colectivo, camino, mochila…
Y a estudiar.
Pero lo interesante es que cuando uno empieza a hablar con Iago, descubre que esa mochila no lleva solamente útiles escolares.
Lleva proyectos.
Lleva curiosidad.
Y lleva sueños.
Está en primer año de una escuela técnica y ya pasó por carpintería, hojalatería, ajuste mecánico y electricidad.
Hizo un martillo.
Hizo un velador con forma de robot.
Ahora viene una palita y después una repisa.
Pero cuando le preguntamos qué es lo que más le gusta, no duda:
la electricidad.
Y ahí empieza lo lindo.
Porque Iago se pone a hablar de motores de corriente continua, de corriente alterna, de escobillas, electroimanes, campos magnéticos y motores de jaula de ardilla…
Y uno lo escucha y piensa:
¡Pará, Iago! ¡Yo solamente quería saber por qué gira el ventilador!
Pero él lo explica.
Y lo explica con una naturalidad que sorprende.
Y entonces aparece otro sueño.
Quiere construir un karting.
Primero uno con motor 110.
Y después…
uno eléctrico.
Porque Iago ya está mirando hacia adelante.
Le interesan los motores de combustión, pero también los eléctricos.
Le gustan los autos, las motos, la mecánica y la electricidad.
Quiere ser electricista.
Y también mecánico.
Es decir, mientras nosotros discutimos muchas veces sobre si el futuro será eléctrico, híbrido o a combustión…
Iago ya está pensando cómo construirlo con sus propias manos.
Y hay otra parte de la charla que me pareció especialmente interesante.
La seguridad eléctrica.
Porque Iago habla del disyuntor, de la puesta a tierra y de las térmicas.
Y nos recuerda algo que muchas veces aprendemos recién cuando tenemos un problema:
la electricidad no es un juego.
Una buena instalación eléctrica puede evitar una tragedia.
Y un disyuntor puede marcar la diferencia entre un susto y algo mucho peor.
Así que esta es una historia que mezcla escuela, esfuerzo, tecnología, motores y futuro.
Pero también tiene algo más.
Tiene a alguien que se levanta cuando todavía está oscuro para ir a estudiar.
Y eso, en tiempos donde tantas veces escuchamos que los jóvenes no tienen ganas de nada, también merece ser contado.
Porque quizás el futuro no aparezca de golpe.
Quizás empiece así…
A las cinco de la mañana.
Con una mochila al hombro.
Un viaje en colectivo.
Una escuela técnica.
Un taller.
Un motor desarmado sobre una mesa.
Y alguien mirando una pieza y preguntándose:
“¿Y si intento hacerlo funcionar?”
Iago todavía está empezando…
Pero ya tiene bastante claro hacia dónde quiere ir.
Y quién sabe…
Tal vez dentro de algunos años nos encontremos hablando de aquel karting que empezó siendo solamente una idea.
Porque los grandes proyectos casi siempre empiezan de la misma manera:
con alguien que se anima a soñar… y después se pone a trabajar.
La entrada CUANDO UN CHICO EMPIEZA A SOÑAR CON MOTORES se publicó primero en Diario Sol.
Fuente: https://diariosol.com.ar/cuando-un-chico-empieza-a-sonar-con-motores/