
Columna de Opinión | Un hilo conductor: Por Sergio Fernández
En Misiones la ...
En Misiones la política continúa con contrastes: por un lado un presupuesto para el 2027 que se construyó con diálogo y un gobernador recorriendo pueblos. Del otro, concejales que se sorprenden por acuerdos que debían conocer y diputados libertarios que se adueñan de proyectos ajenos. Un hilo rojo conecta las decisiones de la gestión mientras que el teatro libertario, solo busca su minuto de reel para redes sociales.
Por Sergio Fernández
Hay semanas en las que uno termina de ver las noticias y tiene la sensación de que pasaron demasiadas cosas como para encontrarles un hilo. Esta fue una de esas. Hubo presupuesto, reclamos a Nación, decisiones sobre energía, discusiones por medicamentos, inversiones, recorridas por el interior. Tomados por separado, son los anuncios habituales de cualquier gobierno. Mirados juntos, empiezan a dibujar otra cosa. Hay un hilo que los conecta. Y una vez que uno lo encuentra, cuesta dejarlo pasar.
El Presupuesto 2027 es el primer indicio. La Cámara lo aprobó con 34 votos sobre 40, después de más de un mes de exposiciones, preguntas y modificaciones. El dato no está en los 5,53 billones de pesos que contempla el proyecto —poco más de 3.600 millones de dólares, para tener una dimensión real—. Está en cómo se llegó a esos 34 votos. Durante años, la fortaleza del oficialismo misionero se asoció a una lógica conocida: tener los votos antes de que empezara la discusión. Esta vez la escena fue otra. El Ejecutivo presentó un proyecto, tuvo que explicarlo, aceptó cambios y el texto final salió con una mayoría construida en el proceso.
No hace falta romantizarlo. Sigue siendo política. Pero es una forma distinta de hacer política, porque obliga a escuchar argumentos ajenos y a aceptar que no todo puede resolverse de antemano.
Algo parecido ocurre en la relación con Nación. El gobernador, Hugo Passalacqua, no convirtió al presidente Javier Milei en un enemigo permanente, pero tampoco resignó intereses provinciales cuando estuvieron en juego. La discusión por las tierras es el ejemplo más claro. Después de la decisión de la Corte Suprema que dejó firme la derogación de la Ley 26.737 por una cuestión procesal, el gobernador firmó el Decreto 1935 e instruyó al Estado provincial para avanzar judicialmente en defensa de los intereses territoriales de Misiones. La Corte no resolvió el fondo del asunto. Y ese detalle importa. Porque la provincia decidió llevar adelante su propia estrategia jurídica sobre un tema particularmente sensible, donde más del 90% del perímetro provincial son fronteras internacionales y donde la tierra no es solamente una cuestión económica.
Con la energía aparece otra lógica. Misiones y los gobernadores del Norte Grande plantearon una diferencia concreta: la provincia no tiene gas natural y soporta condiciones climáticas que hacen que el consumo eléctrico tenga características propias. La respuesta nacional fue la incorporación de Misiones al esquema de bloques subsidiados para zonas de temperaturas muy elevadas, con topes de 500 kWh entre noviembre y abril y de 300 kWh durante el resto del año. Puede discutirse si alcanza, si llega tarde o si debería ser más amplia. Pero hay una cuestión política evidente: reclamar hacia afuera y conseguir alguna respuesta también es ejercer el federalismo. No todo reclamo termina en pelea y no toda negociación supone resignar una posición.
Mientras tanto, hacia adentro, la provincia empieza a hacerse cargo de problemas que antes tenían otra ventanilla. El caso de los medicamentos es el más concreto. En el debate presupuestario se planteó que Misiones deberá destinar entre 1.000 y 1.200 millones de pesos mensuales para comprar medicamentos que antes llegaban a través del programa Remediar. Son antihipertensivos, medicamentos para la diabetes, antibióticos, tratamientos respiratorios. Cuando un programa nacional deja de financiar algo, el problema no desaparece. Cambia de lugar. Termina en el presupuesto provincial, en un hospital, en un CAPS o en la familia que necesita ese medicamento. Y ahí aparece uno de los límites más importantes para cualquier provincia: puede asumir responsabilidades, pero no tiene recursos infinitos.
En ese mismo escenario aparecen los programas Ahora, extendidos hasta diciembre con modificaciones en los límites de financiamiento y reintegros para distintas modalidades. No resuelven la pérdida de poder adquisitivo ni reemplazan una política nacional de recuperación del consumo. Pero funcionan como una herramienta para sostener actividad comercial y facilitar determinadas compras.
También hubo señales hacia el sector privado. Passalacqua recorrió una metalúrgica de Posadas que incorporó tecnología y amplió su actividad, con trabajos que incluso se realizan fuera de la provincia. El planteo detrás de esa visita es concreto: el Estado no puede ocupar el lugar de las empresas privadas, pero sí puede generar condiciones para que produzcan, inviertan y contraten. Ahí aparece uno de los desafíos que tendrá Misiones en los próximos años. Necesita más empresas privadas, más empleo privado y menos dependencia del Estado como generador de trabajo. Para eso no alcanza con pedir inversiones. Hace falta energía, crédito, infraestructura y reglas que permitan planificar.
La nueva subestación eléctrica de Puerto Esperanza entra en esa discusión. La inversión provincial, superior a los dos millones de dólares, permitirá duplicar la capacidad de abastecimiento y acompañar el crecimiento residencial, industrial y productivo de la zona. Puede parecer una obra estrictamente técnica. Pero detrás de un transformador también hay una discusión sobre qué tipo de actividad económica puede instalarse y crecer en un territorio.
Y después está la presencia. Durante la semana, Passalacqua pasó por Bernardo de Irigoyen, participó de los festejos por el aniversario del municipio, entregó títulos y permisos de ocupación y escuchó reclamos de médicos que plantearon la necesidad de una mayor presencia de la Justicia Federal. Días antes había estado en Eldorado, luego en Puerto Esperanza, en Posadas junto a una empresa y también en Oberá, recorriendo una obra vial en Villa Blanquita. No todo eso tiene la misma dimensión política. Tampoco una recorrida por un barrio reemplaza una obra, un salario o un medicamento. Pero hay algo que se vuelve visible cuando un gobernador sale de la Casa de Gobierno y recorre los lugares donde después se ejecutan las decisiones: la distancia geográfica deja de ser un dato administrativo y pasa a convertirse en una cuestión política.
En una época en la que buena parte de la política se consume desde una pantalla, mirar, escuchar, saludar, caminar y hablar cara a cara recupera un valor que parecía básico y que, sin embargo, no siempre resulta sencillo de sostener.
Todo esto ocurrió en una misma semana. Un presupuesto que necesitó negociación. Un reclamo a Nación que obtuvo respuesta. Una discusión judicial por la tierra. Recursos provinciales para medicamentos que antes llegaban por un programa nacional. Herramientas para sostener el consumo. Inversiones en infraestructura energética. Una empresa privada que incorpora tecnología. Y un gobernador recorriendo pueblos, empresas y barrios.
No hay una épica detrás de cada una de esas decisiones. Ni alcanza con juntarlas para hablar de un nuevo modelo de gobierno. Sería exagerado. Lo que sí aparece es una manera de ejercer el poder menos cómoda con las respuestas automáticas. El presupuesto mostró que ya no alcanza con tener los votos: hay que construirlos. La relación con Nación muestra que se puede negociar sin abandonar los reclamos propios. Y la administración provincial empieza a absorber problemas que antes llegaban financiados desde otro lugar.
Quizás ahí esté el hilo rojo que conecta todo. No en una gran definición, sino en la suma de pequeñas decisiones que muestran hacia dónde se mueve una gestión. Después de tantos años de una política acostumbrada a tener casi todo bajo control, la discusión, la negociación y la presencia directa empiezan a ocupar un lugar diferente. Y ese hilo, una vez que se lo encuentra, cuesta no seguirlo. Porque no está en los discursos. Está en las decisiones.
El teatro de la minoría
Hay una escena que se repite en casi todos los cuerpos legislativos donde La Libertad Avanza tiene representación. No importa si es el Congreso, una legislatura provincial o un concejo deliberante. El libreto es el mismo. Se presenta un proyecto que no va a prosperar, se hace ruido, se fuerza una votación que se pierde o empata, y después se sale a las redes a denunciar persecución. La política, para este espacio, no parece ser un ejercicio de construcción de mayorías como el descripto en el inicio de esta editorial. Para los libertarios la política es más bien una puesta en escena permanente.
En Posadas, esta semana, hubo dos episodios que permiten ver el mecanismo con claridad.
El primero tiene que ver con el Mercosur. La concejal María Elena Fernández presentó, en la sesión del jueves último, un beneplácito por la aprobación y entrada en vigencia del Acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur y la República de Singapur, ratificado por Ley Nacional N° 27819. En el papel, es una iniciativa llamativa. Según su autora el acuerdo tiene valor estratégico para el desarrollo económico, la inserción internacional y la generación de empleo. Es su mirada, aunque la ciudadanía, con todo el derecho, podría reclamar que Fernández y sus compañeros se ocupen de temas más urgentes.
Lo llamativo no es el beneplácito. Es la cara de sorpresa. Cuando llegó el momento de votar, varios concejales que integran la Comisión de Mercosur —es decir, que deberían conocer los acuerdos que se firman en ese ámbito— miraron con desconcierto cuando la concejal libertaria fundamentó su voto diciendo que el acuerdo “producirá un derrame económico que beneficie la fuente laboral de Argentina”. No sabían de qué se hablaba. No habían leído el expediente. No tenían idea de que ese acuerdo existía. Si ese es el nivel de interés por lo que firman, conviene preguntarse para qué están sentados en esa comisión.
El segundo episodio es mucho más doméstico, pero igual de ilustrativo. El concejal Santiago Horianski, también libertario, presentó un proyecto de resolución para sancionar a su par Jair Dib por ausentarse del país en pleno año legislativo. Lo trató de vago. Lo acusó de tomarse vacaciones anticipadas. La disputa personal entre ambos es notoria, y no hace falta demasiado esfuerzo para ver que hay algo más que una simple diferencia de criterios sobre la función legislativa. Detrás del proyecto aparecen dos lecturas posibles. La primera: es una pelea personal entre dos ediles que ya no se disimula. La segunda, más interesante: es una jugada del propio Horianski para desviar la atención de un posible acercamiento con los Lalos Boys, el sector que responde al intendente Leonardo Stelatto y que, según parece, también ve al expresidente del deliberativo posadeño como una piedra en el zapato.
Porque ahí está el dato que el teatro no logra tapar. En el Concejo Deliberante de Posadas se está dando un romance de verano entre el polémico edil libertario y los Lalos Boys. Más precisamente, con el secretario de Movilidad Urbana, Lucas Jardín. Horianski preside la Comisión de Transporte y Tránsito del Concejo. Y esa relación, por ahora, no tiene fecha de vencimiento visible. Hay que ver cuánto dura. Los romances de verano, como se sabe, suelen terminar cuando empieza a soplar el viento frío.
Pero el mecanismo libertario no se agota en el Concejo. Esta semana también apareció en la Legislatura. El jueves, el diputado radical Santiago Koch presentó un proyecto de ley para modificar la ley electoral de Misiones: eliminar la ley de lemas, imponer la ficha limpia y la boleta única de papel. Lo hizo después de un acuerdo con los propios libertarios, el partido de Ramón Amarilla y otros sectores de la oposición. Un acuerdo que, si se concreta, sería un avance institucional importante.
Sin embargo, los libertarios, rápidos para estos mandados, salieron por el portal porteño Infobae a contar que el proyecto era de ellos. Se adueñaron de la iniciativa en una nota que, a todas luces, parece pagada. No mencionaron a Koch. No mencionaron el acuerdo. No mencionaron el trabajo previo. Simplemente se pusieron la bandera y salieron a mostrarse como los autores de una reforma que ni siquiera redactaron. Es una costumbre conocida: apropiarse de lo ajeno cuando conviene, victimizarse cuando no.
Y hay algo más. A los diputados y concejales del oficialista Movimiento por lo que Viene muchas veces se les escapa la tortuga, como decía Diego Maradona. Muchas veces terminan siendo funcionales a la puesta en escena libertaria sin darse cuenta. Se enredan en votaciones que no conducen a nada, se prestan al juego de tratar sobre tablas proyectos que no van a prosperar, y terminan dándole a la oposición libertaria el escenario que necesita para mostrarse como víctima. En la Legislatura, en la sesión del 24 e septiembre, el tratamiento sobre tablas de varios pedidos de informe de Adrián Núñez terminó en un empate 19 a 19, con el voto a favor del proyecto de dos diputadas de Movimiento por lo que Viene y una aliada. El resultado no sirvió para resolver nada. Sirvió para que los libertarios sacaran rédito en redes sociales. Una vez más, el teatro funcionó. Y los que se prestaron al juego, quizás sin quererlo, fueron parte del elenco.
La política no debería ser esto. La política es construir mayorías, discutir proyectos, representar intereses. No es actuar para la tribuna ni fabricar escándalos para llenar el vacío de gestión. Pero mientras el oficialismo no aprenda a distinguir entre un debate real y una puesta en escena, los libertarios van a seguir encontrando su mejor papel: el de víctimas de un sistema que ellos mismos se encargan de degradar.
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